
Normalmente la mayoría de los que llevamos años dibujando lo hacemos creando lo que se denomina un esqueleto base, sobre el cual vamos perfilando y mejorando las formas, proporciones, sombras y demás, hasta formar la figura definitiva con el movimiento que queramos reflejar. Pero de vez en cuando, sobre todo para determinadas posturas, o para acostumbrarnos a manejar proporciones (por ejemplo: para colocar las sombras, para evitar que una mano salga más grande que la otra o que un brazo sea más largo que el otro), es bueno recurrir a un modelo. Lógicamente no siempre tenemos a mano (por no decir nunca) un modelo natural, por lo que en ocasiones se suele recurrir a modelos artificiales.
Lo cierto es que yo creo que es una gran ventaja aprovecharnos de la tecnología actual, y suelo preferir, en lugar de los archiconocidos modelos de madera con muy poca movilidad y movimientos extraordinariamente limitados, las figuras con un esqueleto interior móvil (realizado en la mayoría de las ocasiones de metal o plástico), que, además de poder ponerlas con muchísimos movimientos, nos ofrecen una mejor idea de dónde colocar las sombras y cómo colocarlas, o cómo realizar movimientos impensables en los muñecos antiguos de madera.