
Diseñar logotipos no es fácil, y es una de las tareas más duras, ingratas y agotadoras del diseño. Tal es así que normalmente para desarrollar uno con el que esté satisfecho tardo horas, algo que se entenderá fácilmente si tenemos en cuenta que hay que unir estilo, corriente artística, fluidez estética, identidad, espectacularidad... Y a eso hay que luego meterle en la fórmula la necesidad de ajustarse a una serie de elementos que no puedes variar: determinadas letras (si la compañía se llama Conectica, no puedes poner de logo una "B", por ejemplo, que no tiene en el nombre), colores, y representatividad (si hablas de telecomunicaciones poner un caballo pastando no tiene ningún sentido). O sea, que sea distintivo.
El proceso es tan laborioso que a veces tengo que empezar haciendo el logo en un papel para ver cómo quedan las formas porque, aunque uno lo visualice mentalmente de una manera, al intentar plasmarlo y dibujarlo esas formas muchas veces no quedan tan bien como suponías, por lo que eso es una buena ayuda.